En ocasiones el que grita “fuego” no busca apagarlo, sino asegurarse de que todos miren hacia donde él señala.
En ese sentido, el fallido dirigente del PAN en BCS Rigoberto Mares ha decidido advertirnos sobre el grave riesgo que corre la democracia sudcaliforniana por posibles actos anticipados de campaña de militantes de Morena, ya sean reuniones de fines de semana o bardas pintadas con un nombre, lo que sea para llamar la atención.
Resulta curioso que la defensa de la legalidad suela activarse con especial intensidad cuando quien se mueve es el adversario. Reuniones informativas, giras de trabajo, encuentros con sectores sociales… Todo puede convertirse en “acto anticipado”, Mares se está volviendo paranoico.
Y es que con las denuncias de Mares uno pensaría que estamos ante un escándalo de proporciones históricas. Pero no. Estamos ante algo más terrenal: la eterna tentación de convertir la sospecha en estrategia. ¿Qué más le queda a un dirigente que goza de las prerrogativas de su partido mientras lo divide y fractura para repartirse las migajas en el próximo proceso electoral?
Porque, si algo es seguro, es que todas sus denuncias o señalamientos son pura narrativa, no tienen sustento legal. Porque la democracia no funciona como él quisiera; los servidores públicos conservan derechos políticos: pueden hablar, reunirse, opinar, incluso poner su nombre en una barda si no utilizan dinero público y no hacen un llamado expreso al voto.
Rigo Mares juega con el desconocimiento de la gente. Cree que gritando Actos Anticipados de Campaña ganará simpatías pero, ¿que pasará cuando la ciudadanía entienda el cuento, tal y como pasó con Pedro y el Lobo? en algún momento ya nadie le va a creer.
De tal manera que habría que recomendarle al dirigente panista Rigoberto Mares que en lugar de perder el tiempo en cacería de supuestos actos anticipados de campaña, se ponga a revisar la ley electoral o de plano se dedique de lleno a dar cursos sobre Inteligencia Artificial (muy lucrativos por cierto, de eso hablaremos en otra ocasión) ya que, sin llamado expreso al voto, su argumento solo es narrativa. Vaya que le falta.